SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO
Después de leer varios libros sobre el tema tengo que decir que estoy un poco decepcionado con la confusión existente entre las ideas de científicos totalmente consagrados. A día de hoy, nadie tiene ninguna certeza (o por lo menos no puede demostrarlo) sobre el futuro del clima en nuestro planeta a pesar de todo lo que se dice a diario en periódicos, noticias etc.
Podemos empezar con James Lovelock, al cual admiro mucho, que habla de un calentamiento planetario en el futuro, calentamiento del que parece estar completamente seguro que seguirá incrementándose.

Lo justifica mediante las llamadas “respuestas positivas”; éstas son:
1) EFECTO BUDYKO: La reacción del albedo del hielo, en el que el suelo cubierto de nieve refleja la luz solar y la devuelve al espacio. Así, una vez que la nieve se empezase a derretir, bajo ella aparece el suelo oscuro que empieza a absorber la energía solar y se calienta. Ese calor funde cada vez más nieve y así el deshielo se acelera hasta que toda la nieve ha desaparecido (hay que tener en cuenta que cuando la tendencia es hacia el enfriamiento, el mismo proceso opera al revés).
2) EL CALENTAMIENTO DE LOS OCÉANOS: Trae como consecuencia un empobrecimiento en nutrientes de las aguas, y por consiguiente un lugar más inhóspito para las algas que como consecuencia reduce el ritmo de captación de CO2 de la atmósfera y disminuye la formación de estratos de nubes marinas reflectantes mediante la producción de DMS.
3) El calor en tierra tiende a ir reduciendo los bosques y producir desertificación.
4) La muerte de ecosistemas de bosques o de algas con el calor libera CO2 y CH4 al aire que actúa como respuesta positiva.
5) El calentamiento provocaría la liberación del metano contenido en clatratos (grandes tanques de hielo) que al fundirse elevarían más la temperatura.
Sin embargo, también existen respuestas negativas que contribuyen a enfriar el planeta:
Algunas de las más importantes son las que involucran a la biosfera, es decir, a la vida en la Tierra. En su hipótesis original sobre Gaia, James Lovelock proponía que el propio planeta podía autorregularse mediante realimentaciones de la biosfera, a fin de permanecer a una temperatura que garantizara la continuidad de la vida. Esta idea ha sido muy debatida, pero no existe todavía un consenso sobre si es básicamente correcta.
Pongamos el ejemplo de las nubes, que pueden incrementar el albedo planetario y reflejar más la luz solar…estarían enfriando el planeta. Por otro lado, un cielo nublado retiene más calor de la superficie calentada de la tierra que un cielo despejado. Entonces, ¿las nubes a que contribuyen al calentamiento o al enfriamiento? Actualmente, existe un consenso general de que la influencia del albedo es dominante: las nubes actúan como filtro solar que ejerce un efecto claro de enfriamiento.
Pero para saber en qué medida las nubes afectan al cambio climático, tenemos que ser capaces de prever cómo se alteraría la formación de nubes si el mundo se calentase. Ésa es una cuestión muy complicada, ya que implicaría predecir no sólo cómo se comportaría la humedad del aire sino también los patrones de la circulación atmosférica. Algo imposible si ni siquiera sabemos que tiempo hará la semana que viene.
¿Estarán en el futuro los cielos más nublados? Estas cuestiones son tratadas en la Hipótesis de Gaia, el plancton genera el DMS que se convierte en la atmósfera en las partículas de sulfato que actúan como núcleos de condensación de las nubes. Lovelock, junto a los científicos atmosféricos Robert Charlson, Meinrat Andreae y Stephen Warren, sugirió en los años ochenta que esto podría ser un factor esencial de la influencia autorreguladora de la biosfera.
Otra respuesta negativa la constituyen las tormentas tropicales, que agitan el agua para hacer subir nutrientes a la superficie desde la capas más profundas favoreciendo así el crecimiento de las algas.
Entender estas cuestiones puede significar comprender el futuro de nuestro planeta.
Durante mucho tiempo se creyó que entrábamos en las eras glaciales y salíamos de ellas de forma gradual pero gracias a los testigos de hielo de Groenlandia, disponemos de un registro detallado del clima durante unos 100.000 años que nos indican que la Tierra durante la mayor parte de su historia reciente, no ha sido nada parecido al lugar tranquilo y estable que hemos conocido; sino que ha oscilado más bien, violentamente, entre periodos de calor y frío brutal. Hacia el final de la última graciación, hace 12.000 años, la Tierra empezó a calentarse, y con gran rapidez, pero luego volvió a precipitarse bruscamente en el frío inclemente, durante un millar de años o así, en un acontecimiento que la ciencia denomina Dryas Más Joven. Al final de esta arremetida del hielo de un millar de años, las temperaturas medias saltaron de nuevo, hasta 4ºC en veinte años. Los testigos de hielo de Groenlandia muestran que las temperaturas cambiaron alli hasta 8ºC en 10 años lo que modificó el régimend de lluvias y el crecimiento de las plantas. Ciertamente, sería un cambio de consecuencias terribles si ocurriese hoy día. Lo más alarmante de todo es que no tenemos ni idea de qué fenómeno natural pudo haber perturbado con tanta rapidez el termómetro de la Tierra. Según Elizabeth Kolbert: “Ninguna fuerza externa conocida, ni siquiera alguna que se haya propuesto como hipótesis, parece capaz de hacer oscilar tan violentamente, y tan a menudo, la temperatura como han demostrado esos testigos de hielo que sucedió”. Parece haberse tratado, añade, de un enorme circuito de retroalimentación, en el que probablemente participaban los océanos y perturbaciones de las pautas normales de circulación oceánica, pero aún queda un largo camino para poder aclarar todo esto.
Una teoría es que el enorme aflujo de agua fundida a los mares en el inicio del Dryas Más Joven redujo la salinidad (y, por tanto, la densidad) de los océanos septentrionales, haciendo desviarse la corriente del Golfo hacia el sur. Las latitudes septentrionales, privadas del calor de la corriente del Golfo, volvieron a condiciones de frío. Pero esto no empieza a explicar siquiera por qué un millar de años después, cuando la Tierra volvió a calentarse, la Corriente del Golfo no se desvió como antes. Se nos otorgó, en vez de eso, el período de tranquilidad insólita conocido como el Holoceno, en el que vivimos ahora.
No hay ninguna razón para suponer que este periodo de estabilidad climática haya de durar mucho más. En realidad, algunas autoridades en la materia creen que nos aguardan cosas aún peores. Se ha dicho incluso, y resulta más plausible de lo que podría parecer en un principio, que una elevación de las temperaturas podría provocar una era glacial. La idea es que un ligero calentamiento produciría un incremento en los índices de evaporación e incrementaría la cubierta de nubes, lo que provocaría en las latitudes más altas una acumulación de nieve más persistente. En realidad, el calentamiento global podría, plausible y paradójicamente, conducir a un enfriamiento intensamente localizado en América y Europa.

El clima es el producto de tantas variables (aumento y disminución de los niveles de dióxido de carbono, los cambios de los continentes, la actividad solar, las tremendas oscilaciones de los ciclos de Milankovic) que resulta tan dificil conocer los acontecimientos del pasado como predecir los del futuro. Muchas cosas están fuera de nuestro alcance. Pensemos en la Antártida. Durante un mínimo de veite millones de años después de que se asentó en el polo Sur, estuvo cubierta de plantas y libre de hielo. Eso simplemente no debería haber sido posible.
El hecho extraordinario es que no sabemos qué es más probable: un futuro que nos ofrezca eones de frigidez mortal u otro que nos dé periodos similares de calor bochornoso. Sólo una cosa es segura: vivimos en el filo de una navaja.
Por otra parte, los periodos glaciales no son en modo alguno una mala noticia sin más para el planeta a largo plazo. Trituran rocas dejando atrás suelos nuevos de espléndida fertilidad y forman lagos de agua dulce que proporcionan abundantes posibilidades nutritivas para cientos de especies. Actúan como un acicate para la migración y mantienen dinámico el planeta.
Bibliografía:
- Ball P. (2008 ) Una biografía del agua. Editorial Turner. Madrid
- Bryson B. (2006) Una breve historia de casi todo. Editorial RBA. Barcelona.
- Lovelock J. (2007) La venganza de la tierra. Editorial Planeta. Barcelona.



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