El efecto Casimir
Todos (o la mayoría) de los objetos que conocemos tienen energía positiva, los coches en movimiento, los pájaros, los aviones etc. Por definición, el espacio vacío tiene energía nula, sin embargo existen objetos con un contenido menor de energía que el del vacío.

En 1948, el físico holandés Henrik Casimir demostró que la teoría cuántica puede crear energía negativa: tomemos simplemente dos grandes placas de metal paralelas y descargadas. El sentido común nos dice que esas dos placas, al ser eléctricamente neutras, no ejercen ninguna fuerza entre sí. Pero Casimir demostró que, debido al principio de incertidumbre de Heisenberg, en el vacío que separa estas dos placas hay realmente una agitada actividad, con billones de partículas y antipartículas apareciendo y desapareciendo constantemente. Aparecen a partir de la nada y vuelven a desaparecer en el vacío. Puesto que son tan fugaces, son, en su mayoría, inobservables, y no violan ninguna de las leyes de la física. Estas “partículas virtuales” crean una fuerza neta atractiva entre estas dos placas que Casimir predijo que era medible.
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Esto era inaudito y se encontró con un fuerte escepticismo. Sin embargo en 1958 el físico M.J. Sparnaay observó este efecto en el laboratorio, exactamente como lo había predicho Casimir.
Podemos preguntarnos.. ¿para que sirve la energía negativa?, la respuesta a esto es que el poder manipularla nos permitiría generar configuraciones exóticas de espacio y tiempo en las que el tiempo se curve en un círculo. Por ejemplo, serviría para estabilizar un agujero de gusano y poder así emplearlo como máquina del tiempo atravesándolo de un lado a otro. Otro posible uso sería como fuente de energía ¿podemos aprovechar la energía del vacío para nuestras tareas diarias?
Todo esto aunque es bastante o muy especulativo, no deja de ser posible.


